Juicio (Yargı) Capitulo 7
Juicio (Yargı) Capítulo 7: Traiciones, secretos y la verdad que duele
Ceylin corre desesperada, ignorando las advertencias de detenerse y llamar a la policía. La escena del crimen podría estar justo allí, pero ella ya no piensa como abogada, sino como hermana. Ricarda, la víctima, era su sangre, y la idea de perder tiempo la consume. “Yo soy la hermana de la víctima, vine a revisar con la llave que encontré, nada más”, dice, intentando mantener la compostura mientras el dolor se convierte en impulso. Pars intenta frenarla, recordándole que está actuando fuera de la ley, pero Ceylin no puede. La rabia y la impotencia la empujan hacia adelante. Ella no puede esperar, no puede quedarse quieta. Ricarda no era solo un caso. Era su vida rota. En ese instante, el límite entre lo legal y lo emocional desaparece, y Ceylin se sumerge en un torbellino de verdades incómodas, donde su papel de abogada se convierte en una máscara inútil frente al caos de su corazón.
Mientras tanto, Ilgaz enfrenta su propia tormenta. Las pruebas apuntan a su hermano, Çınar, y aunque el fiscal intenta mantener la objetividad, su mundo interior se desmorona. “Baban yapmış olsa incinin saçının teline ulaşamazdık,” dice uno de los policías, pero ni siquiera esa certeza lo alivia. Cada pregunta abre otra herida. Su padre, Metin, parece ocultar algo. ¿Un simple olvido o una mentira deliberada? En los interrogatorios, Metin mantiene la calma, asegurando que conocía a la víctima por el programa de becas de la policía. Sin embargo, su relato tambalea. “Dernekte tanıştık… burs verdim,” dice, pero la duda ya está sembrada. Eren, el compañero y amigo, lo mira con recelo: “Metin amirimden bahsediyoruz burada.” Nadie quiere creer que un hombre como él pueda mentir, pero los silencios pesan más que las palabras.
Ceylin y Ilgaz chocan una vez más. Ella, impulsiva, emocional, se lanza al fuego sin miedo. Él, metódico, atrapado entre la ley y la lealtad familiar. Pero ahora la distancia entre ambos se vuelve insostenible. Ceylin lo enfrenta: “Baban da mı bilmiyordu incin adını?” Ilgaz no responde. Cada nueva prueba, cada declaración, los separa más. La tensión entre ellos se transforma en un duelo moral, donde ambos se miran sabiendo que buscan lo mismo, pero desde orillas opuestas. Ceylin, aun con el corazón destrozado, regresa al campo de batalla legal. Retoma el caso, esta vez como abogada de Çınar. “Yeniden Çınar Bey’in avukatıyım,” anuncia con firmeza, dejando a Ilgaz helado. Es un movimiento que lo hiere, pero que también lo obliga a reconocer que ella no se rendirá hasta descubrir la verdad, cueste lo que cueste.
La investigación continúa. En la casa de la víctima, la policía encuentra nuevas pistas: una camiseta ensangrentada perteneciente a Zafer, el padre de la joven. “Balık kanı diyor,” intenta justificarse él, pero las miradas lo acorralan. La madre, Gül, pierde la razón entre la culpa y la rabia. “Evimi kirletiyorlar,” grita, mientras los agentes remueven los objetos de su hija. Cada rincón parece esconder una sombra. Afuera, Ceylin observa, impotente. Su padre está siendo arrastrado por la sospecha, su cliente por el sistema, y ella misma por la culpa de haber dudado. En medio de todo, una voz resuena en su cabeza: “Ya yapmadıysa?” ¿Y si Çınar realmente es inocente? Esa sola idea la desarma. La justicia, que siempre creyó clara y lineal, se convierte ahora en un laberinto de emociones donde el bien y el mal se confunden bajo la misma luz.
La verdad, sin embargo, se aproxima. En la universidad, Ceylin encuentra nuevos testigos. El profesor, confundido, apenas recuerda a la joven Inci. Pero una estudiante rompe el silencio: “İnci sürekli dersten geçebilmek için Ozan’a yalvarıyordu.” Las piezas comienzan a encajar. Ozan, el chico que todos creían inocente, aparece en el centro de una red de mentiras. El miedo, la manipulación y el deseo se mezclan hasta borrar los límites. En ese punto, Ceylin comprende que el caso nunca fue solo sobre un asesinato. Es una radiografía del alma humana: de las máscaras que usamos, de los secretos que enterramos, de las verdades que evitamos mirar. “Bazen ne yapsan olmuyor işte,” dice Ilgaz al final, resignado. La justicia puede escribirse en los tribunales, pero su precio siempre se paga en el corazón. Y para Ceylin, ese precio apenas comienza.