LA PROMESA Avance Capítulo 681 martes 23 de septiembre ADRIANO y la carta de CATALINA
En La Promesa, la calma se rompe con dos sucesos que sacuden los cimientos de la familia y del servicio: la sorprendente noticia del compromiso entre Ángela y el Capitán Lorenzo de la Mata, y la angustiosa desaparición de Catalina junto a sus hijos. El anuncio realizado por Leocadia deja a todos sin palabras, un golpe inesperado que corre como pólvora por el palacio y que, al llegar a las cocinas, genera incredulidad y murmullos. Muchos creen que se trata de una broma, pero pronto descubren que la realidad es mucho más cruda. Alonso intenta detener a Leocadia, pero la mujer se mantiene firme, decidida a no revelar los motivos ocultos tras esta repentina unión. Curro, en medio de este huracán, se encuentra dividido entre la lealtad a su familia y el amor hacia Ángela, sin saber cómo actuar ante la presión. Nadie esperaba semejante giro, pero la conmoción se ve rápidamente eclipsada por un misterio aún más inquietante: Catalina ha desaparecido y su ausencia provoca un revuelo aún mayor que amenaza con derrumbarlo todo.
La tensión aumenta cuando, tras horas de incertidumbre, los hijos de Catalina aparecen sanos y salvos en el cobertizo, pero de ella no hay rastro. El hallazgo de los pequeños ofrece un alivio efímero, porque lo que realmente pesa es el silencio en torno al paradero de la hija del marqués. En medio de la desesperación, Adriano recibe una carta que aparece en la cuna de los niños, supuestamente escrita por Catalina. En esas líneas, la joven madre confiesa que ha decidido alejarse voluntariamente, convencida de que solo así podrá garantizar la seguridad de sus hijos. Sus palabras están impregnadas de sacrificio y dolor, un mensaje que divide a quienes creen en la autenticidad de la carta y a los que sospechan de un plan más oscuro. El ambiente, ya cargado de incertidumbre, se vuelve irrespirable, y todos empiezan a cuestionarse cuál es la verdad detrás de la desaparición.
Mientras la nobleza busca respuestas, Cristóbal y Petra no pierden la oportunidad de reafirmar su autoridad. En un momento en que el vacío de poder amenaza con desatar el caos, ambos deciden imponerse con firmeza y tomar las riendas de la situación. Su estrategia no solo busca mantener el orden, sino también consolidar su control frente a una familia debilitada por las desgracias. Esta demostración de fuerza despierta malestar en muchos, especialmente en el servicio, que observa con recelo cómo las decisiones de la alta esfera recaen en ellos con dureza. María Fernández, incapaz de contener su descontento, se enfrenta a Samuel, reprochándole su defensa hacia Cristóbal y Petra, advirtiéndole de los riesgos de alinearse con quienes solo piensan en su propio beneficio. La tensión social dentro del palacio refleja un microcosmos de luchas de poder y sentimientos reprimidos que hierve bajo cada gesto y cada palabra.
El vacío que deja Pía, tras su marcha, se convierte en otra sombra que pesa sobre todos. Su ausencia no solo es sentida en las tareas del día a día, sino en el ánimo de quienes compartían con ella confidencias y momentos de apoyo. El servicio entero parece caminar entre la nostalgia y el resentimiento, preguntándose si la marcha de Pía no es más que otro síntoma del deterioro que atraviesa La Promesa. María Fernández se convierte en portavoz de ese malestar colectivo, subrayando que sin Pía las cosas han cambiado para peor. Pero en medio de su preocupación, la joven se topa con la incomprensión de Samuel, que lejos de advertir el trasfondo de lo que ocurre, atribuye los problemas de Petra a su carácter malhumorado. Convencido de que sus molestias en el cuello son fruto de la tensión, le aconseja descansar, sin imaginar que los síntomas que ella padece esconden una amenaza mucho más grave.
Lo que parece un simple malestar pronto se revela como un presagio de algo más profundo, y mientras Petra lucha contra dolores cada vez más intensos, el palacio se sumerge en un clima de sospechas, sacrificios y decisiones imposibles. Entre cartas que hablan de despedidas definitivas, compromisos anunciados sin amor y cuerpos que empiezan a ceder ante la enfermedad, La Promesa se convierte en un tablero de ajedrez donde cada movimiento puede ser fatal. La boda de Ángela y Lorenzo promete traer consigo más secretos de los que resuelve, mientras la desaparición de Catalina abre un agujero en el corazón de la familia, un vacío que ni siquiera las explicaciones escritas pueden llenar. Todo ello en un entorno donde las lealtades se ponen a prueba y donde la frontera entre la verdad y la mentira se difumina cada vez más. Lo que está claro es que el drama no ha hecho más que intensificarse y que el destino de todos pende de un hilo cada vez más frágil.